martes, 12 de febrero de 2013

CÓMO VIVIR LA CUARESMA



Cómo vivir la Cuaresma

Durante este tiempo especial de purificación, la Iglesia nos propone unos medios concretos para ayudarnos a vivir la Cuaresma:


1.   Oración.

Estado indispensable para el encuentro con Dios. Mediante la oración el creyente entra en diálogo íntimo con el Señor dejando que la gracia divina penetre su corazón y, al igual que María se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (Lc 1,38).

2.   Escucha y la meditación de la Palabra de Dios.

La asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, así como la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.


El ayuno, la penitencia y la renuncia de ciertas cosas legítimas, es en sí mismo un medio concreto para vivir el espíritu de desapego y desprendimiento de la Cuaresma. Es pues, ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas; aceptar con humildad, gozo y alegría las adversidades que se nos presentan a diario.

De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. "Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés muy especial en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados" (San León Magno).

Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro "el bien más precioso y efectivo, que es el de la coherencia con la propia vocación cristiana" (Juan Pablo II).


Actitudes de la Cuaresma 

1. Arrepentimiento y confesión de los pecados.

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

2. Luchando por cambiar.

Revisión de mi conducta para conocer en qué estoy fallando. Hacer propósitos de cambio para cumplir día a día y hacer una revisión por la noche para saber si lo he logrado. Ha de ser un plan realista, práctico y concreto para poderlo cumplir. Si proponemos demasiados cambios será difícil cumplirlos. Es preferible ir poco a poco.

3. Haciendo sacrificios.

Hacer un sacrificio (del latín sacrum-facere) es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Es ofrecer a Dios cosas que te cuestan trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio. 

4. Haciendo oración.

Orar es hablar con Dios, para decirle que lo quieres. Estos días nos ofrecen una oportunidad especial para hacer oración. Para ello nos podemos ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma.



MIÉRCOLES DE CENIZA


Miércoles de Ceniza

Con la imposición de la ceniza, se inicia una tiempo espiritual especialmente importante para el cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

El mensaje de este tiempo se puede resumir en una sola palabra: "Convertíos". Este imperativo es recordado a los fieles mediante el rito de la imposición de ceniza, el cual, mediante las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la fragilidad y caducidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

"Conversión" es sinónimo de "Penitencia"... como cambio de mentalidad, como expresión de libre y verdadero esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

El rito de imposición de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios, principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es otra sino un retornar a Dios, considerando la realidad de nuestro peregrinar bajo la luz infalible de su verdad. Lo que implica tener una conciencia cada vez más clara del hecho de que estamos de paso en la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Tradición

En la Iglesia primitiva, la duración de la Cuaresma era algo variable. Comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Al excluir los domingos, resultaban 36 días de ayuno, por lo que en siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

La práctica habitual en Roma era que los penitentes comenzaran el primer día de Cuaresma su penitencia pública. Eran rociados de cenizas, vestidos en un sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Entre los s. VIII y X estas prácticas cayeron en desuso simbolizando el inicio de la Cuaresma la colocación de ceniza en las cabezas de todos los congregados.

Hoy en día el Miércoles de Ceniza, se impone sobre la frente del cristiano una cruz con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta ceniza simboliza la muerte, la caducidad, la humildad y penitencia.

La imposición se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como principio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua.

¿QUÉ ES LA CUARESMA?



¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua.

Dura 40 días. Comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. 

En la Cuaresma, la Iglesia nos propone vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo. Nos invita a cambiar de vida y vivir una serie de actitudes cristianas (escucha de la Palabra, oración, compartir con el prójimo…) que nos ayudan a parecernos más a Cristo, del que nos alejamos por la acción de nuestros pecados.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de alejar de nuestros corazones todas las acciones e intenciones que se enfrentan a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús, aprendemos a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección. 

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. 

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia (cuarenta días del diluvio, cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto). 

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.



La Cuaresma concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa Crismal, que es concelebrada por el obispo con sus presbíteros. Esta Misa exterioriza la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.